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lunes, 13 de octubre de 2014

Palau de la Música Catalana


El Palacio de la Música Catalana (Palau de la Música Catalana en catalán) es un auditorio de música situado en la calle Sant Pere més Alt en el barrio de la Ribera de Barcelona, España. Fue proyectado por el arquitecto barcelonés Lluís Domènech i Montaner, uno de los máximos representantes del modernismo catalán. La construcción se llevó a cabo entre los años 1905 y 1908, con soluciones en la estructura muy avanzadas con la aplicación de grandes muros de cristal y la integración de todas las artes, escultura, mosaicos, vitrales y forja. El edificio, sede central del "Orfeón Catalán", fundado en 1891 por Lluís Millet y Amadeo Vives, fue sufragado por industriales y financieros catalanes, ilustrados y amantes de la música, estamento que sesenta años antes ya había financiado el teatro de ópera y ballet Gran Teatro del Liceo. En 1997 la Unesco incluyó el edificio en su relación del Patrimonio de la Humanidad. El edificio se articula alrededor de una estructura central metálica recubierta de vidrio, que al recibir la luz natural convierte el edificio más significativo de la obra de Domènech i Montaner en mágica una caja de música donde se combinan todas las artes aplicadas: escultura, mosaico, vitral y forja. Las visitas guiadas que ofrece el Palau de la Música Catalana son una cita ineludible de la estancia en Barcelona.

La Sala de Conciertos (una de las más singulares del mundo) es desde hace más de cien años el escenario privilegiado de la vida concertística, nacional e internacional, de la ciudad de Barcelona. Ha acogido estrenos mundiales y es un referente de la música sinfónica y coral del país. Presidida por el órgano sobre el escenario y con un lucernario central que representa el sol, la sala disfruta de luz natural. Una sala mística y paradójica, que se encuentra repleta de figuras como las musas que rodean el escenario, las valquirias de Wagner que surgen del techo, un busto de Anselm Clavé a un lado y uno de Beethoven al otro, y cientos de elementos de la naturaleza, como flores, palmeras, frutos, jarrones y vitrinas llenas de joyas. Aparte de la gran Sala de Conciertos, el Palau dispone de dos salas más donde se desarrolla la vida concertística de la institución. Por un lado el Petit Palau, un auditorio moderno inaugurado en 2004, ideal para conciertos de cámara o pequeño formato, con unas condiciones acústicas excelentes y equipos audiovisuales de alta tecnología. El último espacio es la pequeña joya del Palau de la Música, la Sala de Ensayo del Orfeó Català. Un espacio íntimo y acogedor donde tienen lugar conciertos de pequeño formato, conferencias, presentaciones, y donde ensayan los coros del Orfeó Català. Aquí se encuentra la primera piedra que se colocó en 1905 durante la construcción del Palau. Con un arco semicircular de butacas, que se corresponde con la media luna del escenario de la Sala de Conciertos que se encuentra justo encima, está caracterizada por unas grandes columnas, vitrales y decoración de la época.

Otro espacio representativo del Palau es la emblemática Sala Lluís Millet, un gran salón −sala de descanso y encuentro− dedicado al maestro Millet, fundador del Orfeó Català. La sala, de una altura de dos pisos, la cierran grandes vitrales adornados con motivos florales, de un efecto extraordinario. Y más excepcional aún es el balcón que se ve a través de estos vitrales, con una doble columnata de coloración y ornamentación características. También es escenario privilegiado el Foyer del Palau, el cual admite una numerosa concurrencia que ocupa sillas y mesas, tanto cuando hay audiciones como cuando se utiliza de restaurante-cafetería independiente. Los amplios arcos de ladrillos combinados con cerámica vidriada de color verde y flores también cerámicas, rosáceas y amarillas, confieren a este espacio una tonalidad singular y muy propia.

Sucesos del Palau de la Música:
Los Sucesos del Palau de la Música (Els fets del Palau en catalán), tuvieron lugar en el año 1960 coincidiendo con una visita de Francisco Franco a Cataluña. Se había conseguido la autorización para interpretar el Cant de la Senyera en el Palacio, con motivo de la celebración del centenario del poeta Joan Maragall, autor del poema de la letra. La prohibición gubernativa en el último momento por parte de las autoridades, hizo que el público asistente se pusiese en pie para cantar dicho himno y se lanzaran octavillas contra el jefe del Estado Español. Por este hecho hubo detenciones, entre ellas la del futuro presidente de la Generalidad de Cataluña, Jordi Pujol, que fue sometido a un consejo de guerra. Hasta el año 1967 no pudo volver a ser interpretado legalmente el Cant de la Senyera.

Características y curiosidades del Palau de la Música:
  • Caja de cristal. 
  • Uso del hierro como elemento constructivo. 
  • Columnas decoradas con elementos que evocan la naturaleza (típico del arte modernista). 
  • Gran lámpara invertida en el vitral del techo.

Palau de la Música Catalana

martes, 24 de diciembre de 2013

De islámica a carolingia


Dentro de al-Ándalus

Solo fueron ochenta años y no han quedado casi restos, pero los musulmanes tuvieron guarnición en la ciudad bajo el mando de un valí. Después de un largo asedio, la perdieron en manos de los francos de Luis el Piadoso.


1. El paseo militar del islam
Mientras los visigodos se enredaban en una guerra civil, el estandarte verde del islam entraba en la península Ibérica, atravesaba los Pirineos y continuaba la marcha hacia el sur de la Galia (Ifranjia), ocupando Narbona (720) y Carcasona (725) hasta que los francos de Carlos Martel los frenaron definitivamente en Poitiers en el año 732.

En poco más de siete u ocho años habían conseguido conquistar casi todo el antiguo reino visigodo, si bien la mayoría de las ciudades debieron de capitular ante los ejércitos de Tariq (713 o 714), al-Hurr (717 o 718) y al-Samh (720). El paseo militar se explica más por la incapacidad de la nobleza hispanogoda y la poca disposición de las clases populares a organizar la resistencia que por superioridad numérica: las dos entradas destacables -unos 9.000 y 18.000 combatientes- fueron dirigidas por el bereber Tariq Ibn Ziiad (711) y el gobernador árabe Musa Ibn Nusair (712). Y entre el 711 y el 801 -pérdida de Barcelona-, los invasores fueron unos cien mil frente a una población autóctona de entre seis y nueve millones.

La calzada romana entre Zaragoza y los Pirineos habría sido la puerta de entrada a tierras catalanas antes de finales del 714, y aunque ciudades como Tarragona, Ampurias y Terrassa se resistieron y fueron destruidas, otras como Barcelona se salvaron firmando un pacto de capitulación.



2. Un valí en Barcelona
Cuando tuvieron dominado el territorio, aprovecharon las líneas principales de la administración visigoda, tanto civil como eclesiástica, y aunque el corto periodo de estancia en Barcelona no permitió configurarla según el modelo de ciudad islámica, instalaron una guarnición bajo responsabilidad de un valí (wali).

Los cristianos que no huyeron de la ciudad configuraron el colectivo de mozárabes, del mismo modo que, una vez entregada Barcelona a los francos, los musulmanes que permanecieron se convirtieron en mudéjares.


3. La conquista franca
Los ochenta años de dominio islámico acabaron el 4 de abril del 801, con la entrada de Luis el Piadoso en la ciudad.

Ya desde finales del reinado de Carlomagno diversos caudillos musulmanes enfrentados con el Gobierno cordobés ofrecían a los francos la entrega de las plazas que controlaban, en la zona de la cuenca del Ebro y la vertiente sur de los Pirineos. Es el caso del valí Sa'dun, que fue a Aquisgrán en el 797 a pedir ayuda contra Córdoba con la promesa de la sumisión de Barcelona. Al final, cambió de opinión pero no pudo impedir que la ciudad pasara a manos francas.

A pesar de los varios intentos, no logrados, del emirato cordobés para recuperar la ciudad, la relación entre Barcelona y los musulmanes no acabó aquí. Aparte de la trágica expedición de al-Mansur (985), los reinos de taifas aportaron a Barcelona una gran afluencia de oro musulmán que colaboró en su impulso económico posterior liderado desde el palacio condal. Además, los almorávides no pararon de enviar, hasta entrado el siglo XII, con más o menos suerte, diversas algaradas contra la ciudad.



4. Una gran desgracia para los musulmanes
«En el año 185 [20 enero del 801-9 enero del 802], el enemigo franco -¡que Dios lo maldiga!- conquistó la ciudad de Barcelona, en el extremo de la Frontera Oriental de los musulmanes con que limita. Aprovechando el periodo de agitación de la Frontera Superior contra el emir al-Hakam, ocupado en combatir contra sus tíos Sulayman y 'Abd Allah, el enemigo sorprendió en un descuido a los musulmanes. Penetró en esta frontera y se apropió de todo, llevando su guarnición y haciendo recular la de los musulmanes cerca de Barcelona, sobre la cual cayeron con todo su peso, asediándola con todas sus fuerzas. Al encontrarse el gobernador de la ciudad -entonces Sa'dun al-Ru'ayni- desamparado por los musulmanes, el enemigo se la quitó i trasladó hasta ella a la guarnición franca de la ciudad de Gerona. Esta fue una gran desgracia para los musulmanes».

Así explica Ibn Hayyan en la obra al-Muqtabis cómo los musulmanes perdieron Barcelona en manos de los francos. Una conquista decidida en una asamblea en Tolosa la primavera del año 800 que llevó al pie de las murallas barcelonesas a un ejército dirigido por el conde Rostany de Girona, el duque Guillermo de Tolosa y el conde Ademar de Narbona. Aunque Luis el Piadoso pasó buena parte del largo asedio en el Rosellón, parece que dos meses antes de la capitulación estuvo delante de las puertas de la ciudad que los musulmanes rindieron el 3 de abril del 801, Sábado Santo.


Entrevista web Història Dolors Bramon from bcn cat on Vimeo.

Fuentes:
  • De Bárcino a BCN
  • Capitel andalusí. En el Principado de Cataluña y en su capital han quedado muy pocos restos de la presencia islámica. Una es este capitel de piedra de finales del siglo X proveniente de Castellterçol (MNAC).
  • Escalera de acceso al Palacio Real Mayor. Escalinata de acceso a las dependencias del Palacio Real Mayor, primero condal, desde la plaza del Rei de Barcelona (Ajuntament de Barcelona).

jueves, 19 de diciembre de 2013

Capital de Ataúlfo


Llegan los visigodos

La estancia de este pueblo germánico fue muy inestable. Venidos como aliados de un Imperio romano agonizante, perdieron el reino en manos musulmanas. Sin embargo, Barcelona mantuvo un papel relevante gracias a los obispos, el conde y los impuestos.


1. Tiranos en el imperio, germanos en Barcelona

La irrupción de los visigodos en Hispania coincidió con una época de inestabilidad y, en algunos casos, de auténtica anarquía. Mientras el poder político de Roma se iba debilitando por una epidemia de tiranos, la situación económica del Imperio se erosionaba a causa de las revueltas bagaudas (campesinos, esclavos, soldados y aventureros que, empujados por las dificultades, formaban bandas armadas para depredar las tierras del Imperio).

Conducidos por Ataúlfo, y con Gala Placidia como rehén desde el saqueo de Roma (410), el pueblo visigodo intentaba pasar a África (considerada el «granero de Roma»), pero no eran los únicos. Vándalos, suevos y alanos entraron en Hispania con las mismas intenciones. Sin embargo, los romanos hicieron todo lo posible para impedirles su propósito.

Ataúlfo, atrapado, escogió Barcelona como capital en el año 414 e inició una aproximación a los romanos que desembocó en su asesinato, después de haberse casado con Gala Placidia y haber tenido un hijo, Teodosio, que murió al poco tiempo de nacer. Su sucesor, Walia, trasladó a los visigodos a las Galias después de un pacto de foedus con el Imperio romano; no obstante, no fue hasta el reinado de Eurico, artífice del Reino de Tolosa, que volvieron a la ciudad (472).

No fue una etapa tranquila. Después de la derrota de Vouillé (507) contra los francos, Gesaleico -usurpador del trono de Amalarico- hizo de Barcelona la capital del reino por solo tres años. Pasado el interregno ostrogodo, con regencia de Teodorico el Grande, y los asesinatos de Amalarico y Teudis, la ciudad perdió la capitalidad que se movía al ritmo de los visigodos errantes por la península, de Sevilla a Mérida y, finalmente, a Toledo.



2. Sede de concilios eclesiásticos

Aunque Barcelona había abandonado el papel de sede de usurpadores y reyes visigodos, el poder episcopal continuó manteniendo la ciudad en un lugar relevante con la celebración de dos concilios en el palacio episcopal -uno de ellos favorecido por Ugnas, el obispo que abrazó el catolicismo-, y continuó siendo centro de poder civil al alojar la sede del comes civitatis, el delegado real.

También tuvo una destacada actuación fiscal, ya que, según el De Fisco Barcinonensis (592), aquí se recogían los impuestos de Tarraco, Egara (Terrasa), Gerunda y Emporiae. Asimismo, su papel económico se vio reforzado por los reinados de Leovigildo (573-586), cuando volvió a acuñar moneda -no lo había hecho desde la usurpación de Máximo en el año 409-, y Recaredo (586-601).

Estos dos poderes, el episcopal y el civil, fueron los que posteriormente impulsaron los cambios urbanísticos con que la ciudad empezó a alejarse de la Barcino romana y acercarse a la Barchinona medieval.



3. Guerra civil y entrada de los musulmanes

El reino visigodo empezó el siglo VIII con un panorama desolador: luchas entre bandos nobiliarios, debilidad del rey frente a la aristocracia, desastres económicos -el alud de esclavos fugitivos- y cataclismos -sequías, hambrunas, epidemias y plagas de langosta. La guerra civil que explotó en el año 710 entre los partidarios de Agila, un supuesto hijo del rey Witiza, y Rodrigo, elegido rey por un sector de la nobleza, trajo a los musulmanes a la península.

Fue entonces cuando los musulmanes se adueñaron rápidamente de esta. No obstante, Agila consiguió retrasar su entrada a Barcelona y es posible que Ardón, su sucesor, mantuviera la situación hasta el año 720. Solo los francos de Carlos Martel consiguieron detenerlos en Poitiers en el año 732.

De este modo, con la misma inestabilidad y violencia con la que había empezado, concluyó el reino visigodo de una España que poco tiempo después se conocería como al-Ándalus, el paraíso.


4. Noticias de Barcelona en las crónicas de la época (cita destacada)

En las crónicas hay pocas noticias sobre Barcelona. No obstante, tenemos ejemplos como la Chronica Gallica, que nos explica cómo se inició el reinado de Eurico -«Gauterico, conde de los godos, entró por Pamplona en las Hispanias y conquistó Zaragoza y las ciudades vecinas. Heldefredo, al lado de Vicente, duque de las Hispanias, tras el asedio de Tarragona, conquistó las ciudades marítimas»- y las vicisitudes que supuso para la ciudad la muerte de Alarico, hijo y sucesor de Eurico.

La Chronica Cesaraugustana habla de un palacio real godo en Barcelona relacionado con Gesaleico, hijo bastardo de Alarico que usurpó el trono al joven Amalarico. A este mismo episodio también se refiere la Historia Gothorum, de Isidoro de Sevilla, con contradicciones como que Gesaleico habría muerto en las Galias y no en Barcelona.

Finalmente, la Historia Wambae Regis, de Juliano de Toledo, habla sobre la revuelta del dux Paulus contra el rey Wamba en el año 673. Según este texto, Wamba volvió las tornas con la conquista de Barcelona (defendida por ¡Euredo, Pompedo, Guntefredo, Humulfo y Neufredo!) y tras varias acciones militares, los conjurados fueron reducidos en el anfiteatro de Nimes, de donde salieron con la promesa de salvar sus vidas. Así fue: fueron condenados a decalvación, pérdida de bienes y derechos civiles y humillación. Diez años después, en el reinado de Ervigio, fueron perdonados por el XIII Concilio de Toledo.

Fuentes:
  • De Bárcino a BCN
  • Vitral del ábside de la catedral con la figura de un obispo y escudos de la ciudad de Barcelona (Ajuntament de Barcelona)
  • Interior del patio del palacio episcopal. Esta galería románica es uno de los pocos elementos que se conservan del palacio del siglo XIII, cuando los obispos barceloneses se instalaron en el emplazamiento actual de la calle del Bisbe (Ajuntament de Barcelona).

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Murallas de Barcelona (I)



Muralla romana.

Barcino tenía forma de octágono alargado, derivado de los campamentos militares romanos, pero con los ángulos recortados para adaptarse al promontorio sobre el cual se alzaba. Sus casi trece hectáreas estaban delimitadas por un muro defensivo de menos de 2 metros de grosor y más de 8 metros de altura, que se completaba, al menos en la avenida de la Catedral, con un gran foso de 6 metros de profundidad y una anchura irregular que parece ser que también recogía las aguas sucias y pluviales.

Tenía cuatro puertas, de las cuales solo nos han quedado las del decumanus (la puerta Praetoria, el actual portal del Bisbe, y una parte de la Decumana, en la calle del Regomir), ya que las del cardo (la puerta Principalis Dextra, en la judería o call, y la puerta Principalis Sinistra, en la plaza del Àngel) fueron derribadas. La fortificación tenía tres aberturas: una central, más ancha, para el tráfico rodado, y dos laterales, más pequeñas, para los peatones.

En un momento del siglo IV d. C., la muralla se rehizo con la yuxtaposición de un nuevo cinturón en el exterior del antiguo muro, que doblaba el grueso (de 2 a 4 metros) y el añadido de 78 torres de tres formas diferentes: cilíndrica (en ambos lados de las puertas), poliédrica (solo tenemos la del edificio de Pia Almoina) y cuadrangular. Entre las torres, había entrepaños lisos de muralla posiblemente acabados en almenas para proteger el paso de ronda, y el espacio entre los dos cinturones de piedras se rellenó con materiales procedentes de las antiguas necrópolis extramuros.

Este reforzamiento comportó la reforma de las puertas de acceso, para adaptarlas a la defensa de la ciudad, y afectó a otros aspectos urbanos de la colonia, como a las calles, que en muchos casos se estrecharon porque las construcciones privadas habían ocupado las vías. Al lado de la puerta Decumana se encuentra el área arqueológica del castellum, que los estudiosos piensan que se habría construido cuando se reforzó la muralla. Algunos arqueólogos interpretan que los restos son de una fortaleza, basándose en la teoría que situaría un puerto natural donde hoy existe la plaza de Antonio López y la parte más baja de la Vía Laietana. Precisamente, habría servido para defender la entrada al puerto y a la misma ciudad, pero hoy por hoy no se puede confirmar ni desmentir nada.

El recorrido de la muralla romana es el siguiente: plaza Nova, avenida de la Catedral, calle de la Tapineria, plazas de Ramon Berenguer el Gran y del Àngel, calle del Sotstinent Navarro, plaza de los Traginers, calles del Correu Vell, el Regomir, Gignàs, Avinyó, los Banys Nous y la Palla. Gran parte de la estructura desapareció durante el siglo XIX (Palacio Real Menor, convento de la enseñanza, plaza del Àngel...); aunque en algunos casos, como en el llano de la Seu, la destrucción fue anterior.

Vídeo: Hallazgos arqueológicos en las murallas romanas de Barcelona en 1965.


Fuentes:
  • De Bárcino a BCN
  • Vista del arco central de la puerta Decumana, situada en la actual calle del Regomir (Museo de historia de Barcelona).

Bárcino, de romana a visigoda


De romana a visigoda (los últimos siglos del dominio imperial).

A pesar de las crisis del Imperio romano y la llegada de los visigodos, Barcelona mantuvo su población y se convirtió en centro episcopal cristiano. Senadores, caballeros, militares, magistrados municipales, ciudadanos, libertos y esclavos formaban el paisaje humano de la ciudad.


1. El cristianismo gana la partida:

Si las invasiones francoalemanas del siglo III no hicieron tanto daño como se creía, ¿cómo vivió la ciudad los últimos siglos de dominio imperial? Aunque la tendencia general fue la pérdida del papel preponderante de las ciudades a favor del campo, eso no quiere decir que perdieran población, como es el caso de Barcino (prueba de ello es la gran área para entierros desde la plaza de Antoni Maura hasta la iglesia de Santa Maria del Mar), ni que la actividad industrial se detuviera (ejemplo de ello es la factoría de garum barcelonesa).

A pesar de la llegada de los visigodos, los cambios más significativos en la forma de vida de la ciudad fueron la presencia de elementos cristianos -el cristianismo fue la religión que ganó la partida en el siglo IV cuando el obispo Paciano convirtió la ciudad en un centro episcopal- y un creciente desinterés de los ciudadanos notables por el ejercicio de los cargos municipales. Sin embargo, este no fue un hecho exclusivo de Barcino, sino que afectó a todo el Imperio.

Barcino mantuvo íntegros el derecho itálico y la inmunidad fiscal. Las instituciones del gobierno municipal continuaron con las tres magistraturas del cursus honorum y el Senado -que en las ciudades occidentales se llamaba Ordo-, cuyos miembros eran escogidos por el pueblo, la masa de ciudadanos.

Solo los no nacidos en libertad y liberados por su amo (liberti) tenían cerrado el paso a la vida pública. Si querían intervenir, tenían que hacerlo a través del colegio de Seviros Augustales, que aseguraba, junto con los flámines, el mantenimiento del culto imperial.



2. Las clases sociales de Barcino:

Senadores, caballeros, militares, magistrados municipales, ciudadanos, libertos y esclavos integraban las clases sociales de la ciudad. Los primeros estaban representados por los Lucio Minicio Natal, padre e hijo de idéntico nombre, nacidos en Barcino, ciudad a la que regalaron unas termas.

En cuanto a los segundos, se ha atestiguado la presencia de cuatro caballeros, todos de tribus diferentes a la Galeria (es decir, no nacieron en la ciudad pero se instalaron durante la primera mitad del siglo II). Estos hombres poderosos habrían sido los principales impulsores de las esculturas que, gracias al proceso de refuerzo de las murallas, han llegado hasta nosotros.

Asimismo, claramente forasteros son los militares. La mayoría, cuando terminó el servicio militar en la unidad (donde destaca la legión hispánica por excelencia, la VII Gemina), escogió Barcino como lugar de residencia, como por ejemplo el centurión Cecilio Optato. Con respecto a los soldados rasos, el más antiguo de quien tenemos noticia es Lucio Julio, veterano de la legión II Augusta en la primera mitad del siglo I.


3. Desinterés por las funciones municipales:

Con las reformas de Diocleciano y Constantino (entre los siglos III y IV) para asegurar al Estado unos ingresos regulares mediante una imposición fiscal fija, los poderosos de las ciudades romanas empezaron a desinteresarse por unas funciones municipales que ponían en peligro su fortuna.

A medida que la administración se centralizaba, el pueblo iba perdiendo protagonismo en la vida municipal y las instituciones, autonomía, con la aparición de cargos como el curator y la conversión del Senado en agente fiscal que llegó a explotar a la población sistemáticamente.

Esta fue la situación que se encontraron los visigodos en el siglo V cuando entraron en la Tarraconense gracias al foedus que tenían con el Imperio romano. Su rey, Ataúlfo, escogió Barcino como capital; mientras que Tarraco fue decayendo. Finalmente, con la introducción de las instituciones visigodas, la organización municipal romana desapareció definitivamente en el siglo VI.


Entrevista web Història Júlia Beltran from bcn cat on Vimeo.

4. La cuestionada existencia de santa Eulalia (cita destacada):

Patrona de la ciudad y mártir oficial de las persecuciones de cristianos ordenadas por Diocleciano hacia el 300, se la conoce gracias al himno poético del obispo Quirico (en torno al año 656), que podría haber estado muy influenciado por la pasión de su homónima de Mérida. Más tarde, el obispo Frodoíno (877), siguiendo órdenes del emperador carolingio Carlos el Calvo, encontró unas reliquias en una iglesia bajo la advocación de santa María (seguramente Santa María del Mar), las identificó como las de la santa y las trasladó a la catedral, que desde entonces tiene la doble advocación de santa Eulalia y santa Cruz.

A pesar de las dudas sobre su existencia real -podría ser solo una imitación de Eulalia de Mérida-, fue una virgen que sufrió el fuego, las tenazas y los clavos antes de ser crucificada por orden de un procurador romano y enterrada donde ahora se encuentra la iglesia de Santa Maria del Mar.

Muchos hechos de su historia son apócrifos, como su martirio en la bajada de Santa Eulàlia, la crucifixión en la plaza del Pedró y la leyenda que cuenta que cuando la llevaban del primer sepulcro al segundo se volvió milagrosamente tan pesada que los portadores tuvieron que dejarla en el suelo, en medio de la plaza del Àngel, y se pusieron a rezar.


Fuentes:
  • De Bárcino a BCN
  • Sarcófago de mármol blanco con representación de escenas del Nuevo Testamento. Es de mediados del siglo III d. C. y fue hallado en Barcelona (Museo de Arqueología de Cataluña).
  • Relieves del sepulcro de santa Eulalia, en la cripta de la catedral barcelonesa. Muestran, por un lado, el juicio y martirio de la santa y, por otro, el traslado de su cuerpo a la catedral (ayuntamiento de Barcelona).

lunes, 16 de diciembre de 2013

Bárcino


Julia Augusta Faventia Paterna Barcino (romanos en el monte Táber).

Con una ubicación estratégica para controlar el comercio de las playas del Llobregat, la Barcino romana era una ciudad pequeña, que funcionó como centro administrativo y religioso y que tenía una importante presencia de libertos.


1. Entre Emporion y Tarraco:

Si alguien se merece el honor de ser considerado el padre de Barcino, ese es el emperador romano Augusto, que la fundó hacia el año 10 a. C. gracias a un plan de reestructuración del noreste de la península que ideó Agripa cuando acabaron las guerras cántabras (año 19 a. C.).

¿Por qué en la franja litoral entre dos grandes ciudades como Emporion y Tarraco? Porque era una zona estratégica, con muy buena comunicación con el interior y permitía el control del comercio de las playas del Llobregat. Además, puestos a buscar la seguridad, ¿qué mejor que encima de un promontorio de unos doce metros de altura que en la Edad Media llamarían monte Táber?

Hacia el año 44 d. C., Pomponio Mela la calificó de ciudad pequeña y fortificada. Unos años después, Plinio apuntó que era una de las doce colonias de la Hispania Citerior donde se estableció, por deductio, un grupo de ciudadanos romanos civiles o veteranos de las guerras cántabras. Barcino, dotada de estructura de gobierno y administración propias a imitación de Roma, fue centro administrativo y religioso, como demuestra la estructura urbana, la presencia de un templo de culto oficial y la proporción entre espacio público y privado.



2. Inscritos en la tribu Galeria:

Siguiendo la estructura típica, estaba rodeada por una muralla que contenía un entramado de calles en torno al forum central, allí se alzaba el templo de Augusto, y donde debió de haber otros edificios de los cuales no tenemos evidencias. Aquí confluían las dos vías principales del trazado urbano: el cardo y el decumanus maximi (bajo las calles Llibreteria-Call y Bisbe-Regomir).

Como su función era controlar un territorio (ager) no muy extenso pero sí muy productivo, este se estructuró mediante una centuriación, el primer catastro. Una tierra fértil, recursos mineros y abundancia de productos del mar formaban la riqueza de Barcino. Eso sin contar el control del Llobregat. Así, pues, hay que imaginarse un puerto en el Llobregat con un intenso tráfico.

No era muy grande (unas trece hectáreas) y debió de tener unos dos mil habitantes, incluidos los de las villas suburbanas colindantes con el recinto amurallado (como la excavada en la avenida de Francesc Cambó). Siguiendo la costumbre romana, los primeros habitantes se inscribieron en una tribu, la Galeria, de procedencia itálica. Uno de los aspectos más destacados de la colonia fue la presencia de libertos -ex esclavos dedicados a trabajar para sus propios intereses y los de sus antiguos amos- y extranjeros, que eran bien recibidos, tal como lo atestigua el centurión Lucio Cecilio Optato, que en el siglo II d. C. ejerció una brillante carrera municipal.


3. Los cementerios, fuera de las murallas:

Los edificios y las domus se beneficiaban de una buena red de alcantarillado y un sistema de abastecimiento de agua gracias a dos acueductos que entraban por la plaza Nova procedentes de las minas de Collserola (el último tramo, en la calle de los Arcs) y del Besòs, a la altura de Montcada, con trazado por la calle de los Capellans.

Como era costumbre en las ciudades romanas, los cementerios estaban ubicados extramuros, bordeando el acceso a las puertas, sobre todo en el punto de entrada y salida del tramo litoral de la Vía Augusta (plaza del Àngel y calle de la Boqueria). Un ejemplo es la necrópolis de la plaza de la Vila de Madrid (entre finales del siglo II y principios del III d. C.), que recorría la vía de la puerta Praetoria, donde se enterraban individuos de condición social baja tal como muestran los sepulcros conocidos como cupae.

Se ha hablado mucho sobre si Barcino se vio afectada por las incursiones de los pueblos germánicos, en concreto de los francoalemanes, que durante la segunda mitad del siglo III evidenciaron la debilidad del Imperio romano. No obstante, no lo parecía: el templo continuaba erguido y en su lugar, entre el 269 y el 305 d. C., el Senado barcelonés ordenó levantar, en el forum, monumentos a diversos emperadores. Fue un siglo más tarde, a mediados de siglo IV, cuando Barcino emprendió la refortificación de las murallas. ¿Signo evidente de algún peligro?



4. Cita destacada:

El nombre oficial era Colonia Julia Augusta Faventia Paterna Barcino o Barcinonensium. De todas estas palabras, solo dos han presentado problemas. Por un lado, la identificación de Paterna (y no Pia, como se había interpretado desde el Renacimiento, o Patricia, como han apuntado algunos estudiosos), que pretendería recordar que César ya tenía la intención de fundar una colonia para los veteranos de sus ejércitos.

Por otro lado, Barcino, cuyo origen ha sido difícil de interpretar. Las dracmas ibéricas imitando a las de Emporion acuñadas hacia finales del siglo II a. C. llevaban el lema Barkeno, que daría Barcino si lo adaptamos a la fonética latina. La dificultad consiste en ubicar exactamente este topónimo. Hay autores que lo relacionan con el núcleo ibérico de Montjuïc, pero no está claro. También ha generado diversas hipótesis la raíz de Barcino: teorías más o menos científicas han apuntado a un origen céltico, ibero o ligur, y las de carácter legendario han querido relacionar la palabra con Hércules (el héroe habría llegado aquí desde Libia y una de sus barcas, la novena o Barca Nona, habría encallado) y con la familia Barca.

Con respecto a Julia y Augusta, recuerdan el nombre del fundador, el emperador Augusto, y a su familia, la gens Julia (aunque alguien lo ha visto como un privilegio de Augusto a la fidelidad cesariana de la colonia durante la guerra civil entre César y Pompeyo). Finalmente, Faventia, más bien parece tener carácter auspiciatorio, que ser un indicio de origen faventino -de la Faventia itálica (Faenza)-.

Después de unos siglos de coexistencia de diversas formas (Faventia, Barchinonam, Barcilonam, Barchinon, Barcilona, Barcilo/Barcino y Barcino/Barcinona, Barcillona...), en el siglo VI la numismática y los concilios visigodos escriben Barcinona. Mientras que en la epigrafía medieval aparece Barchinona desde el siglo IX.

Entrevista web Història Carme Miró from bcn cat on Vimeo.

Fuentes:
  • De Bárcino a BCN
  • Fotografía de una inscripción dedicada a Lucio Licinio Segundo (Museo de Arqueología de Catalunya)
  • Fotografía de sepulcros de la plaza de la Vila de Madrid (Museo de Historia de Barcelona)

martes, 10 de diciembre de 2013

De Bárcino a Barcelona. Antes de Bárcino


Antes de Bárcino.

Antes de que el emperador Augusto fundara Barcelona como una colonia para los veteranos del ejército, varios poblados iberos estaban instalados en el Llano de Barcelona y la montaña de Montjuïc. Vamos a descubrir como vivían.


1. En tierra de los Layetanos:

La ciudad de Barcelona fue fundada por los romanos, que vinieron a la península a raíz de las maniobras del general cartaginés Aníbal Barca, que históricamente se conocen como guerras púnicas. Pero no se puede decir que antes no hubiera nada de nada en el llano de Barcelona ; más bien al contrario. En épocas prehistóricas ya hubo diferentes tipos de asentamientos y poblados neolíticos en la zona y sus alrededores (una muestra son las minas prehistóricas de Gavà) y, cuando los romanos vinieron a luchar contra los cartagineses, ya hacía tiempo que los griegos se habían instalado en el territorio que llamaban Iberia, en referencia a los pueblos que allí habitaban desde el siglo VI a. C. Hay que tener en cuenta que los iberos no eran un pueblo homogéneo, sino más bien un conjunto de diferentes etnias que tenían una cultura y una lengua común. Por eso, y si hacemos caso del tercer volumen de la Geographiká de Estrabón, entre los pueblos instalados en el actual territorio catalán había cosetanos, indigetes, ilergetes y layetanos. Nos interesan los últimos, ya que ocupaban el llano de Barcelona, El Maresme hasta la desembocadura del Tordera y una parte de El Vallès (quizás también Montserrat y el Montseny).


2. La misteriosa ciudad de Montjuïc:

Aunque se ha especulado sobre la existencia de una ciudad cercana a Montjuïc que se habría llamado Laie (de aquí el nombre de layetanos), no hay indicios que lo confirmen. En Montjuïc se ha localizado un campo de silos y los restos de un poblado ibero, y algunos estudiosos han hablado de la coexistencia de las dos ciudades (la ibera y la romana, durante bastante tiempo como para que fuera decayendo una y consolidándose la otra), pero lo único seguro es que el llano de Barcelona tenía una población ibera relativamente densa, con 18 poblados, entre los cuales estaba la colina de Can Boscà y el santuario de Mont Aguilar, el Puig Castellar, el Turó de la Rovira, Ca n'Oliver, Can Fatjó y Penya del Moro eran las más cercanas al núcleo fundacional de Barcelona. Estos poblados estaban ubicados estratégicamente en lugares elevados para defenderse mejor, y cerca de las rutas más frecuentadas. Los habitantes se dedicaban a la agricultura y la ganadería. Cultivaban, sobre todo, cereales, pero también olivos y viñas, y mantenían un comercio activo de estos productos (actividad que dio lugar a la primera vía de comunicación que recorrió la costa mediterránea: la Vía Heraklea o camino de Aníbal, que después se convirtió en la Vía Augusta). Trabajaban el bronce y el hierro, fabricaban vasijas de cerámica y tejían lana y lino.



3. Una sociedad de guerreros:

Era una sociedad jerarquizada y guerrera. En la cumbre se situaba la aristocracia guerrera, ya que no era difícil que un guerrero valiente ascendiera en la escala social hasta posiciones de privilegio. Había damas sacerdotisas que asumían personificaciones divinas, guerreros mercenarios, comerciantes con alta posición social, artesanos y campesinos. Por sexos, la mujer se convertía en el reflejo de las diosas en la tierra y al hombre se le asignaba el poder político y el arte de las armas. Esta división se veía reflejada en el arte ibero, poblado de figuras idealizadas de guerreros, jinetes, cazadores y damas enjoyadas. Además, que no tuvieran nada que decir en el mundo de la política no significaba que las mujeres iberas fueran simples modelos de joyería fina: si volvemos a creer al griego Estrabón, eran las únicas herederas y podían escoger a las mujeres de sus hijos.


4. Cita destacada:

Algunos eruditos, cuando se preguntaban por los orígenes de Barcelona y su fundación, lanzaron una golosa teoría: igual que Cartagena (Qart Hadashat, en lengua púnica; Cartago Nova, en latín), Barcelona habría sido fundada por algún miembro de la familia cartaginesa de los Barca, probablemente por Aníbal, con el nombre de Barca Nova. No obstante, estudios posteriores lo descartaron, la ciudad fue fundada por los romanos con el larguísimo nombre de Colonia Julia Augusta Faventia Paterna Barcino.

¿De dónde provenía este Barcino? A estas alturas todavía se especula, pero no parece que tenga nada que ver ni con los Barca ni con Aníbal. Porque, si bien el general cartaginés pasó por tierras catalanas en su marcha hacia Roma, los estudios actuales indican que no se acercó al llano de Barcelona. Bosch Gimpera, a partir del análisis de los textos antiguos y de las tribus iberas que Aníbal derrotó a lo largo del viaje, propone el siguiente itinerario: una vez conquistada Sagunto, habría subido por el camino de la costa hasta Tarragona y de allí hacia el interior por Valls y Montblanc. Habría seguido por Les Borges Blanques, hacia Bellmunt, Tàrrega, Agramunt y Artesa. Después, Segre arriba hacia Oliana, habría atravesado La Cerdanya y cruzado los Pirineos por el collado de la Perxa.

Fuentes:
  • De Bárcino a BCN
  • Fotografía del poblado de Ullastret (Museo de Arqueología de Catalunya)

lunes, 9 de diciembre de 2013

Curiosidades de Barcelona (II)


Santa María del Mar

La única iglesia medieval catalana totalmente terminada hay que buscarla en el antiguo barrio de extramuros de Vilanova del Mar. Se trata de uno de los ejemplos más bellos de arquitectura gótica de Barcelona y es Santa María del Mar. Antes de iniciar la construcción del recinto religioso se llegó a un acuerdo curioso: la iglesia sería propiedad exclusiva de los feligreses de la Ribera y de Vilanova  del Mar, ya que la construcción fue resultado de un esfuerzo colectivo tanto a nivel económico como a lo referente a la realización de los trabajos. Con este acuerdo bajo el brazo, el año 1329 el rey Alfonso el Benigno (1299-1336) puso la primera piedra de esta construcción.

El rosetón de la muerte:


Quizás algunos no lo sepan, pero el rosetón de Santa María del Mar no es el original. El primero cayó sobre la multitud el día del Corpus en 1428 debido a un gran seísmo de cerca de ocho grados en la escala de Richter que tuvo lugar en los Pirineos. Decenas de personas murieron cuando sacaban la virgen para llevarla hasta la Catedral. Entre 1459 y 1460 el rosetón se reconstruyó en estilo flamígero y se reemplazaron las vidrieras dañadas.


Basílica de Santa María del Mar (Barcelona)

Fuentes:

martes, 3 de diciembre de 2013

Curiosidades de Barcelona (I)


Plaza Felip Neri

Descripción del lugar:
Romántica y con un toque decadente, la plaza Sant Felip Neri es un rincón imprescindible en el paseo por el Barrio Gótico. Presidida por la iglesia barroca que la bautiza, la plaza dispone de algunos elementos históricos que la hacen especialmente atractiva, sobre todo cuando se percibe el silencio.
Pequeñas y laberínticas callejuelas del Barrio Gótico desembocan en este rincón impensable de la ciudad. Una plaza pequeña presidida por una encantadora fuente y dominada por la iglesia barroca de Sant Felip Neri. A un lado, los edificios de los antiguos gremios de los calderos y de los zapateros, encontraron aquí una nueva ubicación después del traslado desde su emplazamiento original, en las calles de la Bòria y Corribia, respectivamente. El edificio del antiguo gremio de zapateros, actualmente Museo del Calzado, queda sellado por la presencia de un relieve en forma de león. Representa sant Marcos, patrón de los zapateros.
Al lado de lado de la iglesia hay la escuela de Sant Felip Neri. Cuando los niños de la escuelan no juegan en la plaza y se escucha el silencio, quizás percibiremos aún el sonido de las bombas que cayeron desde el cielo aquel fatídico enero de 1938. Vemos las heridas cicatrizadas en la fachada principal de la iglesia; aún parece que hacen daño. Una placa nos recuerda que el bombardeo de los aviones fascistas acabó con la vida de 42 personas, muchas de las cuales eran niños, que se habían resguardado en el refugio antiaéreo de debajo de la iglesia. Ahora, sin embargo, los niños juegan a la sombra de las acacias, ajenos a este pasado en una plaza que ejerce de puerta de la Judería de Barcelona.

El niño que dejó la escuela:
En la encantadora plazoleta de Sant Felip Neri existe un colegio. Y justo en medio de la plaza existe una fuente. Esta fuente tenía en su parte alta una escultura llamada "el estudiante" pero fue robada asi que hoy dia la fuente se nos presenta "incompleta" aunque eso no resta encanto a la plaza.


Las cicatrices de la muerte:
En la misma plazoleta de Sant Felip Neri encontramos la iglesia barroca del mismo santo. Pero lo primero que salta a la vista es que toda su fachada está lllena de agujeros. Estos agujeros no son ni más ni menos que el recuerdo del pasado, cuando una veintena de niños morían el 30 de enero de 1938, el dia en que el barrio judio era bombardeado. Las marcas de la metralla han quedado como cruel testimonio y asi seguirá, pues la iglesia no se reformará.


Fuentes:

viernes, 29 de marzo de 2013

Sant Pau del Camp (Barcelona)


El trasiego y el ruido del barrio del Raval de Barcelona encuentran un momento de descanso en esta pequeña iglesia románica de la calle Sant Pau. Sus fornidas paredes de piedra cierran el misterio y las maravillas de un estilo primitivo, pero cargado de simbolismo que habla del pasado de la Barcelona de los conventos.

La lápida funeraria de Guifré II Borrell, muerto en 911, ayuda a datar el origen de una de las iglesias más antiguas de la ciudad de Barcelona, lo que queda de un antiguo monasterio benedictino. De estilo románico lombardo, esta joya del Raval sufrió ataques y reconstrucciones que, en ningún caso le han hecho perder el encanto. Así, tanto la iglesia como el claustro del monasterio se encuentran en muy buen estado de conservación. Su sencilla construcción basada en una planta de cruz con tres ábsides exhibe una modesta decoración de cenefa de arcos ciegos que recorre el exterior y que descansa en unos relieves con forma de cabezas. La puerta principal de la iglesia de Sant Pau, de arco de medio punto, nos adentra en el silencioso recinto, pequeño y recogido, que nos traslada al pasado del Barrio de los conventos.

Adentrado en el Raval de Barcelona, este espacio nos traslada al pasado del barrio de los conventos de la ciudad de Barcelona y, desde la iglesia, podremos salir al maravilloso claustro de arcos polilobulados del monasterio de Sant Pau del Camp. Como en un juego infantil, observaremos los capiteles tratando de descubrir la infinidad de decoraciones geométricas, vegetales o fantásticas. Entre todas de ellas hay dos que llaman especialmente la atención: una con Adán y Eva al lado del árbol y la serpiente del pecado. Otra, con una mujer atormentada por dos sapos que le devoran los senos. Sin duda, el tiempo se para en la iglesia y monasterio de Sant Pau del Camp.







domingo, 4 de marzo de 2012

Sagrada Familia (I)

Una de las obras magnas de la arquitectura modernista catalana. El templo Expiatorio de la Sagrada Familia, basílica desde la año 2010, es uno de los monumentos más característicos de Barcelona. Comenzamos por la fachada del Nacimiento y alguno de sus pórticos más significativos (adoración de los Reyes, muerte de los Santos Inocentes...).








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